2 abr. 2013

La gente se va... y es normal

Uno de los posts que más lo petan y lo han petado siempre en mi blog desde que lo escribí me ha llevado a intentar profundizar más en el tema de por qué la gente desaparece de nuestra vida y por qué nosotros también vamos desapareciendo de la vida de otros.

Se trataba de un post bastante nostálgico porque hacía poco tiempo que un amigo muy querido había salido de mi vida y dándole vueltas me di cuenta que era cosa de dos. También tenía menos años que ahora (que sí, que no cumplo 30, pero que el tiempo pasa para todos) y sentía más ansiedad por prácticamente todo.

A ese post casi siempre llega gente preguntando ¿por qué? Supongo que esperan una explicación porque se sentirán abandonados, traicionados, dolidos o desorientados. Quizás sienten todo lo anterior junto y esperan un alivio si hay explicación. Y sé que casi todos se desengañan cuando leen las reflexiones de una chavala de  19 años (la edad que tenía entonces) al perder una amistad.

Bueno, la única luz que puedo arrojar a este tema es que es lo más normal del mundo.


En efecto, si la vida fuera estática y nada cambiara, si las relaciones humanas funcionaran como las leyes de Newton, probablemente una amistad avanzaría con intensidad constante hasta que una fuerza mayor la detuviera (como por ejemplo, la muerte). Pero las relaciones humanas no son científicas por más que se empeñen algunos. 

Que sí, podemos estudiar nuestros cerebros, la química, las hormonas, los marcadores sociales incluso el entorno económico y aún así sólo obtendremos una serie de tendencias que producen más niebla que explicación.

La gente se va de nuestra vida y nosotros también nos vamos de la vida de los demás. Y a veces vuelven o volvemos, lo cierto es que la direccionalidad del hecho pocas veces importa. Las relaciones fluyen entre tensiones, encuentros y desencuentros. Y lo único que puedo aportar, si estás aquí buscando una explicación, es decirte que es lo más normal del mundo, que respires hondo y seas sensato: quizás los amigos no son para siempre (o no son constantes en el tiempo) pero los enemigos siempre son más persistentes. Sé paciente, sé sensato y respira, despacito.

Las cosas que fluyen son siempre un eterno retorno.