28 nov. 2013

Cuando lo que debes no es lo que quieres

Existe esa sensación de estar empujado por las circunstancias a decisiones que no quieres tomar. Existe ese movimiento hacia adelante que nos viene impuesto por la realidad. Muchas veces en mi vida hago lo que debo y es justo lo opuesto a lo que quiero y la mayoría de las veces el argumento es el mismo: la falta de dinero.

Esto es así de simple: no tengo pasta para hacer lo que quiero. Y no se trata de que no quiera trabajar ("jiji, jaja, que eres una vaga"). Se trata de vivir la vida como yo quiero: tener el tiempo para los míos que necesito, tener el dinero para los proyectos que me ilusionan, disponer de los recursos para estudiar lo que me motiva.

El cuento va de que vivimos en un sistema que te aplasta hasta que no te queda más remedio que hacer lo que debes en términos monetarios. Eso o sucumbes a tu propio exterminio.

Estar fuera del sistema o en la periferia o en un lado o encima o todo lo contrario es inviable si se buscan satisfacer los propios deseos. Y en estas ando yo, haciendo lo que es necesario para intentar ganarme de tanto en tanto la satisfacción de conseguir un resquicio de libertad personal.

Me aferro a la idea de que existe una manera de vivir como uno desea, de que tiene que haber una vía para conseguir los recursos que me permitan ser la persona que de verdad soy. Porque lo que más duele de hacer lo que se debe es cuánto dejas de ser quien eres en realidad. Y cada mañana me despierto consciente de ser menos la persona que una vez fui (alguien que en mi recuerdo era mejor y más brillante y más inteligente de lo que soy hoy).

Quiero cambiar las cosas. No quiero vivir una vida en la que lo que debo no es lo que quiero. Y nadie va a convencerme de que depende de mí exclusivamente cuando este país es el que es y este sistema económico sólo vale para unos pocos.

Quiero cambiar las cosas. Y muchas veces pienso que sólo me queda intentar cambiar el mundo. Lo que es absurdo, ¿o no?
Publicar un comentario