23 oct. 2010

No me centro.

No me centro.

He desarrollado una completa ineptitud a la hora de centrarme en algo y así anda mi vida, desordenada en el mejor de los casos.

Como en el trabajo me juego el sueldo he logrado desplegar una serie de tácticas para conseguir hacer todo lo que debo en el momento que debo y así escapar de mi procrastinación crónica: hago listas de todo, uso el mail como reminder de mis asuntos pendientes y me apoyo en mis compañeros para sacar adelante los proyectos.

Pero en el terreno personal no lo llevo tan bien... No hay manual de instrucciones para eso y es una auténtica pesadilla organizarse con todo. No entiendo cómo hay gente que lo logra, en serio, porque soy una genuina incapaz.

Se me escapa la inspiración por las rendijas de lo cotidiano. Como arena entre los dedos se me escurren las ideas y me falta memoria, disciplina y horas para materializar los deseos de mi vida.

No me centro.

Y se me atropellan las ideas hasta que, al final, ni siquiera soy capaz de hablar de ellas. Fusiono las palabras, las entremezclo como cartas de una baraja, y todo se me tuerce porque no soy capaz de poner orden en mi vida.

No me puedo hacer una lista para ir paso a paso. No hay check list para mi corazón ni para mi alma.

Y, en serio, así no hay manera de hacer nada.
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