26 nov. 2009

Esa parte del pasillo pertenece al Metro.

Si trabajas con personas tarde o temprano te acabas inmunizando ante cierta gilipollez y ciertos traumas humanos. Pero cuando te escudas demasiado con la escusa de protegerte lo que muestras es un comportamiento enajenado propio de un zombi sin cerebro.

Esta mañana algunos viajeros que hemos pasado por el enlace de Diagonal con Provença hemos tenido que insistir a una empleada para que atendiera a una muchacha que ha tenido un desvanecimiento. La susodicha trabajadora pertenece a la plantilla de FGC y para justificarse ha esgrimido la frase que da título a este post. Es decir, que su primera reacción ha sido pasar olímpicamente de un ser humano necesitado de ayuda (al fin y al cabo, con haber avisado a una ambulancia hubiera bastado) intentando transferir el marrón a los empleados de TMB.

Me parece increíble que ante algo tan sencillo como pedir asistencia para un usuario de un servicio de transporte público una persona decida ignorar el más mínimo sentido común. No le costaba nada dedicarle dos segundos al tema, máxime cuando los viajeros le pedían orientación para ayudar a la muchacha. No me parece normal que tuviéramos que insistirle (y mucho menos que la mayoría de la gente pasara de la chica como de comer mierda).

Una cosa es que en el ejercicio de tu empleo procures una cierta sanidad emocional y otra muy distinta negar auxilio a quien lo necesita.

El mundo está loco.

Pero muy loco.

Por cierto, al final la chica ha sido atendida como Dios manda.


Publicar un comentario