26 nov. 2009

Esa parte del pasillo pertenece al Metro.

Si trabajas con personas tarde o temprano te acabas inmunizando ante cierta gilipollez y ciertos traumas humanos. Pero cuando te escudas demasiado con la escusa de protegerte lo que muestras es un comportamiento enajenado propio de un zombi sin cerebro.

Esta mañana algunos viajeros que hemos pasado por el enlace de Diagonal con Provença hemos tenido que insistir a una empleada para que atendiera a una muchacha que ha tenido un desvanecimiento. La susodicha trabajadora pertenece a la plantilla de FGC y para justificarse ha esgrimido la frase que da título a este post. Es decir, que su primera reacción ha sido pasar olímpicamente de un ser humano necesitado de ayuda (al fin y al cabo, con haber avisado a una ambulancia hubiera bastado) intentando transferir el marrón a los empleados de TMB.

Me parece increíble que ante algo tan sencillo como pedir asistencia para un usuario de un servicio de transporte público una persona decida ignorar el más mínimo sentido común. No le costaba nada dedicarle dos segundos al tema, máxime cuando los viajeros le pedían orientación para ayudar a la muchacha. No me parece normal que tuviéramos que insistirle (y mucho menos que la mayoría de la gente pasara de la chica como de comer mierda).

Una cosa es que en el ejercicio de tu empleo procures una cierta sanidad emocional y otra muy distinta negar auxilio a quien lo necesita.

El mundo está loco.

Pero muy loco.

Por cierto, al final la chica ha sido atendida como Dios manda.


25 nov. 2009

Martes

Hace tiempo que no estamos solos, a solas, solamente.

Ya nos hemos olvidado de cómo era. Y pensamos que es para mejor. Y es verdad. No podemos negarlo, aunque seamos nostálgicos, aunque vivamos en el pasado. Aquello no fue bueno, aunque nos divertimos. Y fuimos mejores.
Durante un tiempo.
Al menos.

Pero ahora ya no. Ya no es momento. Estamos comprometidos. Y en el fondo es bueno. O eso nos decimos. Y así es como ha de ser. Así. Sólo así. Y no de otra manera.

Ya sé que te enfurruñas. Ya sé que reniegas.
Pero, vamos, no hay que ser así. No seamos así. No ganamos nada.

Porque te he de confesar que yo también estoy aburrida de eso, como todos los demás. Y me sorprende que quieras mirar siempre atrás. Sí, sí, ya sé que yo también lo hago, pero ya sabes que eso no es bueno.

En fin, hacía mucho tiempo que no estábamos así. ¡Qué cosas tiene la vida! Siempre es un placer, desde luego. Tenemos nuestros pequeños vicios y la vida no será lo mismo sin ellos.

Te voy a ser sincera, ya que insistes tanto: preferiría que pasáramos menos tiempo juntos. Ya sé que es inevitable; al fin y al cabo, nos vamos a ver las caras todos los días. Pero aún así, creo que estábamos mejor antes.

No, no antes de antaño. Antes de ahora. Antes de volver a las andadas.

No me malinterpretes, que ya nos conocemos. Pero al final siempre es igual y ahora estamos bien; no vayamos a joder la marrana. Que tampoco es cuestión de discutir.

Hacía tiempo que no estábamos así; solos, a solas, solamente.

Ahora ya sabes por qué.