21 abr. 2008

La gente se va

Sí, la gente se va de tu vida. Y tú te vas de la de ellos.


Alguien de quien me fui (en realidad, nos fuimos mutuamente) me dijo que las personas van y vienen con las etapas de tu vida y que es absurdo desear tenerlas siempre a tu lado, para toda la vida.


Ignoro si hoy sigue pensando lo mismo, aunque creo que sí. Hay personas demasiado vitalistas como para permitirse la nostalgia.


Y hay personas como yo, que nacimos en el ayer y vivimos exclusivamente de la nostalgia.


La gente se va. Les quieres, te quieren, y luego se van a querer a otras personas, como tú quieres también a otras.


Yo me acuerdo mucho de algunas personas de las que me fui. A veces hice bastante ruido al irme, como intentando al menos que quedase para siempre el portazo de mi marcha; a veces, me dejé ir, esperando lentamente a que la relación se muriera. A veces es inevitable: consecuencia lógica de un historial desdichado. A veces, la estupidez nos hace perder lo que queríamos. A veces, nos da por mover el culo y evitar que la gente se nos vaya.


Recuerdo muchas veces a esa gente de la que me fui. No lamento haberme ido ni que ellos se fueran de mí. La vida sólo va hacia delante, aunque las miradas puedan volverse atrás.


A veces, es bueno mirar atrás y recordarles. No cuando se fueron, sino cuando estaban. Quizás lamentar no haber dicho lo correcto en ese momento en que estábamos, pero nunca lamentar que se fueran.


La gente se va, sí. Y a los nostálgicos enfermos como yo nos duele. No podemos aceptar de buena gana que las personas pasan, vienen y van con las estapas de nuestra vida. Sin embargo, al final lo hacemos, claudicamos. Aunque nos quedemos de tanto en tanto ensimismados acariciando los momentos que no volverán.


Publicar un comentario