8 dic. 2007

Enrique Lihn

Siguiendo la recomendación de J. (gracias! ^_^) me decidí a investigar si, efectivamente, podía haber semejanza en ambos poetas (Enrique Lihn y Gil de Biedma). Para adelantar diré que sí, coincido plenamente contigo J., la semejanza entre ambas poesías es más que evidente! Sin embargo, Gil de Biedma condensa el mensaje en una brevedad casi lacónica, mientras que Enrique Lihn relata punto por punto la evolución que sugiere Gil de Biedma. Es un nexo bastante interesante.

Para homenajear a un autor que no conocía y que he descubierto gracias al comentario que me dejó, quiero poner aquí brevemente su biografía y el poema (ni que sea un extracto) que tanto se asemeja a Gil de Biedma.

Espero que resulte útil!! ^_^


Biografía (extraída de Wikipedia)
Enrique Lihn nació el 3 de septiembre de 1929 en Santiago de Chile

Realizó sus estudios básicos en el Saint George College y posteriormente en el Colegio Alemán. El año 1942 ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, para estudiar dibujo y pintura. 

En 1949 publicó su primer libro de poemas, titulado Nada se escurre. En 1960 nació su única hija, Andrea Lihn Mingram. En 1963 publicó el que consideraba su primer libro valedero, "La pieza oscura". (Solía omitir la mención de sus libros anteriores, "Nada se escurre" y "Poemas de este tiempo y de otro", de 1956). "La pieza oscura" fue traducida al francés y publicada en París (Pierre Jean Oswald Editeur) en 1972, con ilustraciones de Roberto Matta; una antología de su poesía, traducida al inglés, fue publicada por New Directions en Nueva York bajo el título "The Dark Room and other poems" en 1978. 

Junto a Nicanor Parra, Alejandro Jodorowsky, Jorge Sanhueza, Jorge Berti y otros (Humeres, Oyarzun) creó el Quebrantahuesos, collage editado en 1952. Con el escritor Germán Marín, fundó la revista Cormorán, de la Editorial Universitaria, que publicó nueve notables números entre los años 1969 1971

En 1965 obtuvo la beca de museología de la UNESCO, lo que le permitió viajar a París. En 1966 recibió el Premio Casa de las Américas por su obra Poesía de paso. Entre 1967 y 1968 vivió en La Habana. En 1969 publicó en Chile "La musiquilla de las pobres esferas" y en Buenos Aires la novela "Batman en Chile". 

Entre los años 1970 a 1973, dirigió el taller de poesía de la Universidad Católica de Chile. En 1972 se integró como profesor investigador de literatura en el Centro de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, cargo que tuvo hasta su muerte en 1988. 

En 1975 fue invitado por el gobierno francés para trasladarse a dicho país, y escribió Paris, situación irregular, publicado en Chile en 1977. 

En 1978 obtuvo la Beca Guggenheim, por lo que se trasladó a New York A partir de Manhattan(poemas) se publicó en Chile en 1979. Luego viajó varias veces a Estados Unidos como profesor visitante en distintas universidades. 

Escribió y montó obras de teatro, y realizó performances y videos. Su presentación de "El Paseo Ahumada" en ese mismo lugar le valió un breve arresto policial en 1983. Esta obra, junto a "La Aparición de la Virgen" fueron ediciones precarias, autofinanciadas en gran medida por el poeta y sus amigos, en un intento de oponerse a la asfixiante cultura oficial de la época de la dictadura militar en Chile. 

Enrique Lihn falleció en Santiago de Chile el 10 de julio de 1988, víctima de cáncer. Hasta el último momento de su vida estuvo escribiendo. Su libro "Diario de muerte"(1989) fue publicado, por encargo suyo, por sus amigos Pedro Lastra y Adriana Valdés, quienes reunieron, transcribieron y ordenaron los poemas que dejó al morir. El título fue puesto por él mismo en el cuaderno donde los reunió. 

Después de su muerte se han publicado varias antologías suyas, en España,"Album de toda especie de poemas" (Editorial Lumen) en México y Chile, "Porque escribí" (FCE) y en Estados Unidos ("Figures of Speech"). También se publicaron las entrevistas a su persona, aparecidas en la prensa chilena como extranjera, por el investigador Daniel Fuenzalida "Enrique Lihn: Entrevistas" (Juan Carlos Saéz editor, Santiago 2006).

Y a continuación:


MONÓLOGO DE UN PADRE CON SU HIJO DE MESES
Nada se pierde con vivir, ensaya:
aquí tienes un cuerpo a tu medida
Lo hemos hecho en sombra por amor a las artes de la carne
pero también en serio
pensando en tu visita como en un nuevo juego gozoso y doloroso;
por amor a la vida, por temor a la muerte y a la vida,
por amor a la muerte
para ti o para nadie.
Eres tu cuerpo, tómalo, haznos ver que te gusta como a nosotros este
doble regalo que
te hemos hecho y que nos hemos hecho.
Cierto, tan sólo un poco del vergonzante barro original,
la angustia y el placer en un grito de impotencia.
Ni de lejos un pájaro que se abre en la belleza del huevo,
a plena luz, ligero y jubiloso, sólo un hombre:
la fiera vieja del nacimiento, vencida por las moscas, babeante
y rebosante.
Pero vive y verás el monstruo que eres con benevolencia
abrir un ojo y otro así de grandes,
encasquetarse el cielo, mirarlo todo como por adentro,
preguntarle a las cosas por sus nombres
reír con lo que ríe,
llorar con lo que llora,
tiranizar a gatos y conejos.
Nada se pierde con vivir, tenemos todo el tiempo del tiempo por
delante
para ser el vacío que somos en el fondo.
Y la niñez, escucha:
no hay loco más feliz que un niño cuerdo
ni acierta el sabio como un niño loco.
Todo lo que vivimos lo vivimos ya a los diez años más intesamente;
los deseos entonces se dormían los unos en los otros.
Venía el sueño a cada instante,
el sueño que restablece en todo el perfecto desorden
a rescatarte de tu cuerpo y tu alma;
allí en ese castillo movedizo eras el rey, la reina, tus secuaces, el
bufón que se ríe de sí mismo,
los pájaros, las fieras melodiosos.
Para hacer el amor allí estaba tu madre
y el amor era el beso de otro mundo en la frente,
con que se reanima a los enfermos,
una lectura a media voz,
la nostalgia de nadie y nada que nos da la música.
Pero pasan los años por los años y he aquí que eres ya un
adolescente.
Bajas del monte como Zaratustra a luchar por el hombre contra el
hombre:
grave misión que nadie te encomienda;
en tu familia inspiras desconfianza,
hablas de Dios en un tono sarcástico, llegas a casa al otro día,
muerto.
Se dice que enamoras a una vieja, te han visto dando saltos en el aire,
prolongas tus estudios con estudios de los que se resiente tu cabeza.
No hay alegría que te alegre tanto como caer de golpe en la tristeza
ni dolor que te duela tan a fondo como el placer de vivir sin objeto.
Grave edad, hay algunos que se matan porque no pueden soportar la
muerte,
quienes se entregan a una causa injusta en su sed sanguinaria de
justicia.
Los que más bajo caen son los grandes,
a los pequeños les perdemos el rumbo.
En el amor se traicionan todos,
el amor es el padre de sus vicios.
Si una mujer se enternece contigo le exigirás te siga hasta la tumba,
que abandone en el acto a sus parientes,
que instale en otra parte su negocio.
Pero llega el momento fatalmente en que tu juventud te da la espalda
y por primera vez su rostro inolvidable en tanto huye de ti que la
persigues a salto de ojo,
inmóvil, en una silla negra.
Ha llegado el momento de hacer algo parece que te dice todo el
mundo
y tu dices que sí, con la cabeza.
En plena decadencia metafísica caminas ahora con una libretita de
direcciones en la mano,
impecablemente vestido,
con la modestia de un hombre joven que se abre paso en la vida,
dispuesto a todo.
El esquema que te hiciste de las cosas hace aire y se hunde en el
cielo dejándolas a todas en su sitio.
De un tiempo a esta parte te mueves entre ellas como un pez en el
agua.
Vives de lo que ganas, ganas lo que mereces, mereces lo que vives:
eres, por fin, un hombre entre los hombres.
Y así llegas a viejo como quien vuelve a su país de origen después de
un viaje interminable corto de revivir, largo de relatar,
te espera en tí la muerte, tu esqueleto con los brazos abiertos,
pero tú la rechazas por un instante,
quieres mirarte larga y sucesivamente en el espejo que se pone
opaco.
Apoyado en lejanos transeúntes vas y vienes de negro,
al trote, conversando contigo mismo a gritos, como un pájaro.
No hay tiempo que perder, eres el último de tu generación en apagar el
sol y convertirte en polvo.
No hay tiempo que perder en este mundo embellecido por su fin tan
próximo.
Se te ve en todas parte dando vueltas en torno a cualquier cosa como
en éxtasis.
De tus salidas a la calle vuelves con los bolsillos llenos de tesoros
absurdos: guijarros, florecillas.
Hasta que un día ya no puedes luchar a muerte con la muerte y te
entregas a ella, a un sueño sin salida, más blanco cada vez,
sonriendo, sollozando como un niño de pecho.
Nada se pierde con vivir, ensaya: aquí tienes un cuerpo a tu medida,
lo hemos hecho en la sombra por amor a las artes de la carne pero
también en serio,
pensando en tu visita
para ti o para nadie.