19 jul. 2007

Tres años

Tres años ya.

Cuando pienso que llevo tres años con la misma persona... no sé si decir que alucino, que me agobio, que me asusto... Lo que siento con gran claridad es una enorme necesidad de salir corriendo.

Necesito huir de esta vida. Necesito huir de una relación tan larga. Necesito sentirme libre.

Me siento atrapada. Siempre debiendo algo, siempre teniendo en cuenta a otra persona.

Y por otro lado, no podría simplemente cortar y ya está. Acabar una relación, sin más. No puedo.

Aún hay amor. Aún hay cariño. Aún quedan ganas de vivir, cosas que querer hacer, sitios que visitar... Aún respira el sueño de vivir juntas...

Pero, ¿por cuánto tiempo?

Estoy cansada de esperar. Estoy cansada de sentir su dependencia de mí. No necesito a alguien que dependa de mí. No quiero tener a alguien colgando de mi vida, nutriéndose de mi capacidad, respirando por mi cuerpo, viviendo en mis entrañas, pensando con mi mente, actuando con mis palabras, guiándose por mis consejos. Dependiente, dependiente, dependiente, dependiente... Hasta ser mortificante. No quiero más sentir la responsabilidad de otra vida.

Cuando estás con alguien es porque buscas compañía. Alguien que te acompañe en tu camino, que te ayude, que te apoye, que te ame sin dolor. Alguien que pida ayuda sin depender de ti. Alguien que sea fuerte. Buscas un aliado. Buscas luz. Buscas fuerza. Y cuando te comprometes, lo haces para dar exactamente lo mismo que recibes.

Le digo que haga algo.

Reacciona!

Pero no.

Depende.

Depende.

Depende.

Peor que un hijo.

Peor que una mascota.

Siempre dependiente.

Reacciona. Madura. No me obligues a dejarte atrás.

Estoy desesperada y agotada.

Cada día soy un poco más cínica y más cruel con ella. Cada día soy un poco más horrible. Cada mañana que me levanto soy peor persona que el día anterior.

Esto se acaba.

¿Lo ve? ¿Realmente se da cuenta de lo que está pasando? ¿Puede acaso ver cómo va a acabar todo esto? A veces me pregunto si es así. ¿Puede ser que sepa lo que siento y que no haga nada al respecto? ¿Puede ser que se sienta igual y esté esperando lo inevitable?

No puedo entender ese rostro, sonriente y despreocupado, como ajeno a cualquier evidencia o realidad. No puedo sondear esa alegría, ese ficticio confiar.

Tres años.

¿Habrá un cuarto? ¿Un quinto? ¿Superaremos esto?
Hoy te diría que no.