6 nov. 2005

Midnight

Pensando, aquí, en la breve soledad de mí misma. 
Te puedo odiar hasta la muerte, tú, la otra, la maldita maldecida, pequeña enfant terrible de nada ni de nadie en especial. Siempre dudaré si estás cerca. 
A veces pienso que sólo tu muerte me traerá paz. ¡Cuánto he de odiarte todavía en respuesta a lo mucho que te amé! ¡Qué absurdo!
Si pudiese decir que nunca pienso en ti, que tu visión me es indeferente, sabrías que miento. Pero aún así eres demasiado necia para ver nada. La evidencia se pasea desnuda ante ti y tú sólo intentas apartarla de tu vista.
Mejor así... mira a otro lado, mira a otra persona, intenta apagar las inexistentes llamas de un fuego ya extinto y espera, espera tu final.
Ahora, poco a poco, me empiezan a sonreír las heridas. Ahora soy caballero alado de buenas esperanzas. Ahora soy fortuna. Ahora soy fuerza. Y mientras dure la racha volaré lejos de tu maraña de mentiras.
Acaricio mis leves expectativas, calculo la distancia, felina e hipnótica, preparo mis zarpas y mis músculos. Porque llegará el día en que disfrute de la gloria que presiento. Y entonces todos vendréis a regocijaros de mi dicha.
Se acerca el día en que tú seas polvo para siempre y yo brille eterna por siempre jamás.